Os humanistas non queremos amos; non queremos dirixentes nin xefes, nin nos sentimos representantes nin xefes de ninguén.
Os humanistas somos internacionalistas, aspiramos a unha nación humana universal. Comprendemos globalmente ao mundo en que vivimos e actuamos no noso medio inmediato. Non desexamos un mundo uniforme senón múltiple.
Documento Humanista.

jueves, 20 de septiembre de 2012

El primer reecuentro.

Este fin de semana fuí por primera vez desde que estoy en Igualada, a visitar a los peques en Pontevedra. Junté al fin de semana dos días de asuntos particulares, los famosos moscosos que en su día dieron a los funcionarios por no actualizarles el sueldo a la subida del IPC.
  Fueron unos días en donde las emociones estuvieron muy presentes y fueron muy sentidas. Si ya normalmente tiñen mi mirada, estos días la guiaban especialmente.

El viernes fue un reencuentro intenso. Solo dio tiempo a unos cuantos abrazos y besos (para mi no llegaron, para ellos seguro que sobraron), cenar y dormir.
  El sábado y el domingo estuve solo con ellos. A mi me llegaba con pasar esos días sin hacer nada especial, me valia compartir las rutinas diarias con ellos, esas rutinas tan aburridas como interesantes si no las desprecias. Donde puedes hecer grandes descubrimientos observando el comportamiento del peque (y darte cuenta de que asimila tus defectos y algunas de tus virtudes) e intentando comprender a una adolescente (que llega a recordarme mis propias inquietudes, temores, sueños y esperanzas de aquella época) y aspiras a ayudarla a, por lo menos, escucharse.

Un sábado tranquilo, partido de balonmano de Sabe y paseo por la ciudad para conocerla, sin rumbo fijo, como en muchos momentos de mi vida, donde no te pierdes porque vas buscando, mirando, conociendo, sin ansiar una meta sino expectante a las que puedas encontrar. Aunque Sabe no pensó lo mismo...
El domingo fuimos de excursión en tren a A Coruña. A Xabi le encanta viajar en él. Encontrarme con unos amigos charlar sobre lo que nos inquieta y gusta, disfrutar de unas horas juntos y ver como un peque se adapta a cualquier situación buscando entretenerse y una adolescente se aburre con todo, esperando que todo acabe pronto para ser dueña de su rutina.

El lunes pasamos toda la mañana juntos Sabe y yo, papeleos por hacer y caminatas por la ciudad con destino claro, esta vez sí nos podíamos perder Sabe, esta vez había un objetivo concreto que alcanzar. Por la tarde, empezar el instituto. Miedos, tensiones, espectativas, prejuicios... querer ayudar a superarlos y no saber como hacerlo. ¡Qué frustración! Menos mal que la intolerancia no orienta mi vida, de momento, y puedo entender los propios errores, más tarde o temprano, sin culpabilizarme ni culpabilizar a los demás.

Lo mejor de toda dificultad es experimentar-sentir que se supera. Que aquel gran muro ha quedado en ladrillos desmontados, en montañas de cemento, en miedos comprendidos, en temores aceptados, en experiencias integradas y, también, en futuro abierto y pasado liberado.

El martes no pude remediarlo a pesar de reprimirme y, finalmente, la tristeza me metio un merecido gol. Lloré ante los peque cuando no quería hacerlo. Era mi último día con ellos. Había pasado un mes dese mi marcha, y en estos cuatro días había disfrutado como un enano. Había disfrutado de las rutinas, de las dificultades, de los "momentos aburridos",... pero tenía que marchar y no pude con la tristeza.

En el traslado al aeropuesto, la compañia y conversación con otro gran amigo hizo más llevado el regreso. Es lo que tienen los amigos que te escuchan, te animan, te recomiendan y hasta en ocasiones orientan, casi sin querer, tus acciones. Gracias a tod@s ell@s.

Para que quede constancia de mi estancia en Pontevedra, comparto este bello y breve momento de la mañana del sábado, hecho video.

No puedo olvidarme de agradecer a Eva el haber permitido compartir techo con los peques.

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