Os humanistas non queremos amos; non queremos dirixentes nin xefes, nin nos sentimos representantes nin xefes de ninguén.
Os humanistas somos internacionalistas, aspiramos a unha nación humana universal. Comprendemos globalmente ao mundo en que vivimos e actuamos no noso medio inmediato. Non desexamos un mundo uniforme senón múltiple.
Documento Humanista.

martes, 4 de septiembre de 2012

Casi un mes de destierro.

Ya se acerca a un mes el tiempo que llevo de destierro. Casi treinta días de separación de la gente a la que quiero, del lugar donde llevaba casi veinte años habitando, de unas costumbres a las que ya estaba habituado, de un paisaje externo que ya no es el mismo y extraño.

Este lugar donde estoy ahora no es muy diferente al que estaba. Parafraseando una canción da la Polla Records: tiene casas, tienen árboles, tiene policia,... enfin lo mismo que en todos los lados, cambia la gente, cambian algunas costumbres y (que nadie nos escuche) se mantiene el egocentrismo pero esto no es propio de los lugares sino de los lugareños.

Cada vez estoy más convencido de que estar agusto en un lugar depende mucho más de la gente de la que te rodeas, la más cercana, que del lugar en sí.

Claro que en la solitaria soledad que me acompaña tal vez me hace distorsionar mi mirada sobre lo que me rodea. Una soledad en la que gracias a muchos (Rubén, Guillermo, Montse, Betty, Miguel, Josep, mis hermanos, Sabela, Xabi, Pedro, Cristina, Merce, Fernando, Teresa, Piro,...) se me ha hecho más llevadera, más liviana. También es cierto que he sido capaz de tirar de gente casi desconocida para poder sobrellevarla en los momentos más duros, momentos en los que el teléfono no llegaba y la presencia física es necesaria.
El mayor de mis temores en esta aventura es el miedo a sentirme solo, abandonado. Es un miedo básico que me acompaña y que me ha hecho coger ciertos “atajos” en mi vida. Atajos que no fueron tal. ¡Vaya!, como el camino que le indicó el lobo a caperucita. Podemos decir que mi lobo ha sido, en varias ocasiones, mi miedo a sentirme solo, abandonado, no querido.

Pues ese miedo que me acompaña y que en los días bajos me posee, es del que me estoy haciendo amigo, o al menos intento que esyo de las amistades tiene su aquel.

Sí, sí amigo, porque sólo a un amigo le puedes decir: “no me hagas esto que me haces daño” y que él deje de hacerlo. Si se lo dices a un enemigo, huye de él porque no dejará de hacerlo. 

¿Cómo hacerse amigo de un miedo? Pues no lo sé exactamente, pero creo que es basicamente como te haces amigos: acercándote con simpatia, aceptando sus peculiaridades, no imponiendo criterios y aprendiendo a escuchar. También es útil ofrecer tu ayuda sin esperar nada a cambio y estar en disposición de aprender cosas nuevas.

Tras casi un mes de destierro, no puedo quejarme, los miedos y meláncolias no me han llevado por la calle de la amargura durante mucho tiempo. Claro esta que la imágen de ver dentro de poco a mis “chuquelos” alivia tensiones internas que, supongo, en algún momento volverán.

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