Ya se acerca a un mes el tiempo que
llevo de destierro. Casi treinta días de separación de la gente a
la que quiero, del lugar donde llevaba casi veinte años habitando,
de unas costumbres a las que ya estaba habituado, de un paisaje
externo que ya no es el mismo y extraño.
Este lugar donde estoy ahora no es muy
diferente al que estaba. Parafraseando una canción da la Polla
Records: tiene casas, tienen árboles, tiene policia,... enfin lo
mismo que en todos los lados, cambia la gente, cambian algunas
costumbres y (que nadie nos escuche) se mantiene el egocentrismo pero
esto no es propio de los lugares sino de los lugareños.
Cada vez estoy más convencido de que
estar agusto en un lugar depende mucho más de la gente de la que te
rodeas, la más cercana, que del lugar en sí.
Claro que en la solitaria soledad que
me acompaña tal vez me hace distorsionar mi mirada sobre lo que me
rodea. Una soledad en la que gracias a muchos (Rubén, Guillermo,
Montse, Betty, Miguel, Josep, mis hermanos, Sabela, Xabi, Pedro,
Cristina, Merce, Fernando, Teresa, Piro,...) se me ha hecho más
llevadera, más liviana. También es cierto que he sido capaz de
tirar de gente casi desconocida para poder sobrellevarla en los
momentos más duros, momentos en los que el teléfono no llegaba y la
presencia física es necesaria.
El mayor de mis temores en esta
aventura es el miedo a sentirme solo, abandonado. Es un miedo básico
que me acompaña y que me ha hecho coger ciertos “atajos” en mi
vida. Atajos que no fueron tal. ¡Vaya!, como el camino que le indicó
el lobo a caperucita. Podemos decir que mi lobo ha sido, en varias
ocasiones, mi miedo a sentirme solo, abandonado, no querido.
Pues ese miedo que me acompaña y que
en los días bajos me posee, es del que me estoy haciendo amigo, o al
menos intento que esyo de las amistades tiene su aquel.
Sí, sí amigo, porque sólo a un amigo
le puedes decir: “no me hagas esto que me haces daño” y que él
deje de hacerlo. Si se lo dices a un enemigo, huye de él porque no
dejará de hacerlo.
¿Cómo hacerse amigo de un miedo? Pues
no lo sé exactamente, pero creo que es basicamente como te haces
amigos: acercándote con simpatia, aceptando sus peculiaridades, no
imponiendo criterios y aprendiendo a escuchar. También es útil
ofrecer tu ayuda sin esperar nada a cambio y estar en disposición de
aprender cosas nuevas.
Tras casi un mes de destierro, no puedo
quejarme, los miedos y meláncolias no me han llevado por la calle de
la amargura durante mucho tiempo. Claro esta que la imágen de ver
dentro de poco a mis “chuquelos” alivia tensiones internas que,
supongo, en algún momento volverán.

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