Tal vez este sea el post más íntimo que he escrito. Poco
importa cuando es desde la necesidad de donde surge. Tampoco importa mucho que
lo publique, el escaso número de visitas de mi blog me permite desinhibirme con
más facilidad.
Posiblemente he conseguido catarsear y transferir mis
contenidos, un poquito, al escribirlo.
Pero los momentos críticos, como este para mí como todo
cambio de etapa, disminuyen la capacidad de censura, es decir la auto represión.
En 20 días estoy en Igualada.
En 20 días la separación de mi pareja se culmina. Algo
acordado hace unos 10 meses, que poco a poco se fue produciendo efectiva, pero
donde el último desprendimiento, el que se produce ahora, produce más dolor del
esperado.
A pesar de estar separados hemos convivido juntos, y creo
que eso a hecho que el proceso de separación sea más lento, que las emociones
sean ahora más confusas y que el desprendimiento emotivo de la otra persona,
acompañado de la bondad que se merece toda persona a la que has querido mucho,
tenga que ser mucho más intencional de lo esperado.
Esta tendencia mía a aplicar la “ley del mínimo esfuerzo”,
tengo que estudiarla bien para aplicarla de forma inteligente.
Pero esta nueva etapa tiene cosas queridas (¡qué carallo!,
sino me quedo.)
¡Por fin! Hace unos 2 años conseguí aprobar unas oposiciones
del Estado, por lo que pensé que acababa de encontrar ese puesto de trabajo
idílico (para mí) en donde realizar tus tareas sin estar en permanente presión
y amenazas, en donde pedir tus derechos sin la posibilidad de un despido. Algo
que sólo ví posible en el empleo público. Mi experiencia en la empresa privada
va de “farol en farol” y mi iniciativa para el autoempleo es inexistente.
Esa es mi motivación para irme: cumplir el ensueño de un
trabajo en condiciones dignas. Lo que no sé es si esas condiciones las
disfrutaré mucho, tal y como andan de subiditos los neoliberales...
Pero, y he aquí mi contradicción, algo dejo en Galicia que
echaré mucho de menos. Sabela y Xabi son dos personas a las que he ayudado a
nacer y crecer.
Con casi 13 y 3 años he acompañado su corta existencia desde
el principio. He reído y llorado; me he cabreado y sorprendido; he aprendido y
espero haber enseñado; he agradecido y maldecido... y solo puedo agradecer
haber podido estar con ellos.
Sé que el acompañar a tus hijos tan de cerca nada lo suple.
Pero necesito trabajar. Al fin y al cabo llegará un momento en el que ellos
serán los que se alejan de mi lado, por el simple proceso vital.
Y a estos 20 días del inicio de una nueva etapa no me puedo
olvidar de los grandes amigos que dejo en Coruña, a los que quiero mogollón y
agradezco haber conocido.
Para acabar, decir que a la ciudad la debo una, espero
volver algún día y ofrecerle lo que se merece.
A 20 días del inicio de una nueva etapa, se confunde la
vivido y lo por vivir, los miedos y las aspiraciones, las certezas y las
sospechas. El futuro está por construir y lo veo querido.
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