Llevo varios días
en el trabajo que me toca aprender más cosas. Una de ellas es la de
atención al público.
El ponerme delante
de otras personas que vienen pidiendo info o a quejarse, me produce
bastante inquietud, sobre todo cuando, como es el caso, no conozco
bien ni procedimientos ni normas.
Afortunadamente
hasta ahora me han arropado bien mis compañeras y compañero.
Gracias.
Pero es divertido
ver que emociones, recuerdos, tendencias, miedos, … aparecen ante
el afrontar una actividad nueva. Bueno, lo veo “divertido” porque
procuro tener el punto de vista del aprendizaje más que el del
pretigio.
Y es ahí, del
prestigio, de donde nacen mis temores. Miedo a quedar como un tonto
ante la gente de la oficina, a no entender ni papa, a ser incapaz de
comprender el funionamiento de la oficina, a ser apabullado por la
persona que viene a preguntar... todas estas, y alguna cosa más, son
las emociones que surcan mi interior ante esta nueva situación.
Prestigio frente
al aprendizaje. Curioso, la imágen que tengo de mí y la que creo
que ofrezco a los demás frente a la necesidad de aprender y
comprender cosas nuevas, en busca de adaptarme crecientemente a la
nueva situación.
Yo que he buscado
ir con calma, a veces aparente, buscando soluciones rápidas, me
encuentro en que si sigo esa tendencia la cago. Basicamente porque
últimamente priorizaba la “solución rápida” a la calma. Ahora
lo que hago afecta a otros, como siempre, pero esos otros esperan una
respuesta certera a la primera, y al ser momento de aprendizaje, la
clama debe anteponerse a la rapidez. Grabar bien en mi memoria la
nueva info creo que sólo será posible sin la tensión de la
urgencia.
El otro aspecto
interesante de mis nueva situación es, precisamente, el estar en los
dos lados del mostrador a al vez.
Porque si desde un
lado tengo ciertas emociones, desde el otro también las hay.
Cuando uno va a
pedir info o a reclamar espera ser atendido con “diligencia y
celeridad”, o eso parece que nos han hecho creer. Vaya algo así
como tiene que ser una prótesis nuestra y hacer lo que le pidamos
cómo y cuando nos haga falta. Imponiendo nuestra subjetiva
preocupación a otro ser humano. Y eso que creo superado, va
acompañado de emociones de exigencia, superioridad e incluso
desprecio sobre el otro. Afortunadamente creo que esta postura es la
menos frecuente también entre el resto de seres humanos, pero falta
encontrarte sólo a uno de estos para que te amargue el día. (vaya
me he vuelto a cambiar de lado en el mostrador)
En esta nueva
etapa de mi vida me pido a mi mismo paciencia, algo que había
abandonado últiammente, no lo importante es urgente ni lo urgente
tiene que ser importante, asi que si a la paciencia le añado un
poquito de atención y algo de ganas de aprender, tal vez, encuentre
un camino interesante por recorrer.
No hay comentarios:
Publicar un comentario