Os humanistas non queremos amos; non queremos dirixentes nin xefes, nin nos sentimos representantes nin xefes de ninguén.
Os humanistas somos internacionalistas, aspiramos a unha nación humana universal. Comprendemos globalmente ao mundo en que vivimos e actuamos no noso medio inmediato. Non desexamos un mundo uniforme senón múltiple.
Documento Humanista.

domingo, 30 de septiembre de 2012

Al otro lado del mostrador.

Llevo varios días en el trabajo que me toca aprender más cosas. Una de ellas es la de atención al público.
El ponerme delante de otras personas que vienen pidiendo info o a quejarse, me produce bastante inquietud, sobre todo cuando, como es el caso, no conozco bien ni procedimientos ni normas.
Afortunadamente hasta ahora me han arropado bien mis compañeras y compañero. Gracias.
Pero es divertido ver que emociones, recuerdos, tendencias, miedos, … aparecen ante el afrontar una actividad nueva. Bueno, lo veo “divertido” porque procuro tener el punto de vista del aprendizaje más que el del pretigio.
Y es ahí, del prestigio, de donde nacen mis temores. Miedo a quedar como un tonto ante la gente de la oficina, a no entender ni papa, a ser incapaz de comprender el funionamiento de la oficina, a ser apabullado por la persona que viene a preguntar... todas estas, y alguna cosa más, son las emociones que surcan mi interior ante esta nueva situación.
Prestigio frente al aprendizaje. Curioso, la imágen que tengo de mí y la que creo que ofrezco a los demás frente a la necesidad de aprender y comprender cosas nuevas, en busca de adaptarme crecientemente a la nueva situación.
Yo que he buscado ir con calma, a veces aparente, buscando soluciones rápidas, me encuentro en que si sigo esa tendencia la cago. Basicamente porque últimamente priorizaba la “solución rápida” a la calma. Ahora lo que hago afecta a otros, como siempre, pero esos otros esperan una respuesta certera a la primera, y al ser momento de aprendizaje, la clama debe anteponerse a la rapidez. Grabar bien en mi memoria la nueva info creo que sólo será posible sin la tensión de la urgencia.
El otro aspecto interesante de mis nueva situación es, precisamente, el estar en los dos lados del mostrador a al vez.
Porque si desde un lado tengo ciertas emociones, desde el otro también las hay.
Cuando uno va a pedir info o a reclamar espera ser atendido con “diligencia y celeridad”, o eso parece que nos han hecho creer. Vaya algo así como tiene que ser una prótesis nuestra y hacer lo que le pidamos cómo y cuando nos haga falta. Imponiendo nuestra subjetiva preocupación a otro ser humano. Y eso que creo superado, va acompañado de emociones de exigencia, superioridad e incluso desprecio sobre el otro. Afortunadamente creo que esta postura es la menos frecuente también entre el resto de seres humanos, pero falta encontrarte sólo a uno de estos para que te amargue el día. (vaya me he vuelto a cambiar de lado en el mostrador)
En esta nueva etapa de mi vida me pido a mi mismo paciencia, algo que había abandonado últiammente, no lo importante es urgente ni lo urgente tiene que ser importante, asi que si a la paciencia le añado un poquito de atención y algo de ganas de aprender, tal vez, encuentre un camino interesante por recorrer.

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