
Mientras cada vez más gente esta temblando por la crisis, yo no puedo más que alegrarme de este derrumbe financiero-económico que nos acompaña. Y no me alegro porque no me afecte, he sido una de sus víctimas en los primeros síntomas, hace casi un año, sino porque lo estaba deseando.
En una gran exposición de la situación que hace el humanista argentino Luis Ammann, pone en evidencia una cosa: No amigos, no esta en crisis la economía, está en evidencia este sistema social basado en la envidia y la avaricia; el egoísmo y el sometimiento.
Aún así hay muchos que se aferran con uñas y dientes a lo que tienen: el sistema. No porque les guste, sino porque no ven nada que lo sustituya, y mira que hay alternativas...
Pero ese vacío es consecuencia de la difamación, la desconfianza, la desinformación y el miedo a lo desconocido; por encima de la curiosidad, el querer aprender y superar las verdades absolutas y los miedos, que hacen que en la oscuridad toda luz parezca débil.
Bienvenida crisis si de ella surge un nuevo tipo de relaciones.
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