
Este primero de mayo estuve en la mani de Coruña, la de CCOO y UGT, tras la pancarta del Comité de Solidaridad con Bolivia.
Si tengo que sintetizar en una frase la “lucha obrera de clase” que viví, sería esta:
La desilusión y el sin sentido llevan al reino de lo secundario las reivindicaciones sindicales.
Como nota curioso-anecdótica, decir que en el momento de sonar “la internacional” apenas cuatro voces cantaban y dos puños se alzaban.
Dónde están las reivindicaciones. ¿En la burocracia sindical? ¿En la particularidad de cada sector?
Hace tiempo, mucho tiempo, que las reivindicaciones del obrero de la construcción no se solidarizan con las del metal; que el funcionario no tiene la misma “sensibilidad reivindicativa” que el trabajador de la hostelería o al empleado fijo le importa poco la temporalidad de sus compañeros. Al menos así lo muestran los hechos cotidianos.
¿Dónde quedó la solidaridad? En el lugar que le interesa al sistema: la papelera y los libros “prohibidos”.
A su vez, el internacionalismo que siempre proclamo la “clase obrera” ha quedado en el anecdotario o en una mera cita, eso sí marcada por las noticias “veraces” de los medios de comunicación del sistema. Como ellos hablan del Tibet, solidaricemos con el Tibet, si mañana hablan de África, cantaremos todos a África, pero nos olvidaremos ya del Tibet.
Los medios marcan la pauta y ocultan la luchas de pueblos que quieren salir de la injusticia. ¿Alguien se acordó este 1 de mayo de Bolivia? Al borde de la desintegración o la guerra civil por trabajar su gobierno por la justicia social con la no violencia.
Algunos sí nos acordamos: los humanistas y gente de cierta sensibilidad que vemos en Sudamérica una pequeña, pero intensa, luz de esperanza.
Bolivia, desde Europa ha sido abandonada por los sindicatos los gobiernos “democráticos” y por supuesto los medios “informativos”.
Bolivia ha apostado fuerte por un cambio de rumbo, una distribución justa de la riqueza, sin suprimir la propiedad privada; el respeto a la diversidad y todo ello desde la no violencia y el rechazo a al guerra como medio de solucionar conflictos.
Y mientras un persistente sindicalista llegó al poder en su país y reorienta su futuro, le boicotean provocando secesiones (los que perdieron ahora quieren cambiar las reglas del juego, porque perdieron) en Europa los sindicatos miran hacia el cielo del “modelo productivo” pero no cuestionan el suelo del modelo económico-político-social, que los financia.
Una vez más la Europa de “las libertades” se hace “caquita en los pantalones” ante el poder económico y hacen que la democracia y la política pierdan un poquito más de credibilidad.
Cosas del sistema, a saber la violencia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario