Os humanistas non queremos amos; non queremos dirixentes nin xefes, nin nos sentimos representantes nin xefes de ninguén.
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Documento Humanista.

martes, 7 de abril de 2009

El futuro de la izquierda


Trás varios días sin publicar nada y bajo de inspiración, os dejo con este artículo escrito por Tomas Hirsch portavoz del Nuevo Humanismo en Latinoamérica.

El futuro de la izquierda
Debe sustentarse en dos pilares fundamentales: poner al ser humano como centro y su forma de acción ha de ser no violenta.

Hace alrededor de trescientos años atrás, el mundo occidental se sumergió en una especie de marea revolucionaria, impulsando por todos lados aquellos cambios sociales estructurales que hoy parecen olvidados: se trataba de modificar los usos, no sólo los abusos, según el decir certero de Ortega y Gasset. En la mayoría de los casos, cada uno de esos proyectos terminó hundido en un mar de sangre, muerte y destrucción.
La fiebre revolucionaria parece haber cesado luego del fracaso de la utopía marxista en la Unión Soviética y los pueblos han entrado en un estado de sorda desilusión, mientras que la lucha se ha desplazado hacia los choques entre culturas. En ese escenario, la izquierda más radical se ha quedado sin proyecto y el viejo socialismo parece haber asumido su derrota, bajando las banderas revolucionarias vinculadas a su tradición histórica para adherir a un proyecto tibio que en sus días de fervor criticó duramente. En muchos lugares ha ido mutando hacia la socialdemocracia conformando aquello que denominan los «frentes amplios», conglomerados que responden a la vieja teoría de la acumulación de fuerzas, para conquistar el poder político y terminar administrando el modelo imperante, ahora como «parachoques» de las mismas movilizaciones sociales que, en sus mejores épocas, impulsó y lideró.
También los partidos comunistas han experimentado la misma tendencia y, gracias a esta táctica, han logrado acceder a pequeñas cuotas de poder político con el discurso de que es mejor estar ahí que en ninguna parte, usando el argumento del «mal menor», verdadero chantaje con el que se tiene cautivo el voto de las poblaciones, para evitar que gane la derecha.
En nuestra Latinoamérica, encontramos ejemplos de fenómenos similares en Chile y en Brasil.
Lo cierto es que por todos lados hemos escuchado la misma canción amarga de la derrota: se ha pasado del «avanzar sin transar*» al «transar sin avanzar». Parece que hubiera un acuerdo tácito respecto de que no se está dispuesto a pagar el costo en libertad que han implicado los procesos revolucionarios asociados a la instalación de los totalitarismos utópicos y se prefiere aceptar al estúpido esquema vencedor, intentando humanizarlo en la medida de lo posible. Pero todos sabemos, porque lo experimentamos cotidianamente, que en el orden actual la libertad tampoco existe y que sólo se ha producido un traslado del centro de poder desde el Estado hacia el Gran Capital: hemos pasado del monopolio público al monopolio privado.
Aun así, en muchos lugares existen grupos de ex militantes de aquella vieja izquierda que están buscando un nuevo camino revolucionario, ya que intuyen que los métodos de análisis y las formas de lucha clásicos no les sirven para encontrar las nuevas respuestas. A esos persistentes luchadores sociales que no han claudicado nunca y que se atreven a dejar atrás los antiguos moldes queremos convocarlos a construir una nueva izquierda, que tal vez ni siquiera utilice esta añeja denominación porque necesita refundarse completamente**.
Este nuevo referente, que habrá de surgir porque la necesidad histórica lo está llamando, debe sustentarse en dos pilares fundamentales: poner al ser humano como centro, por encima de cualquier otro valor (se trate de Dios, el Estado o el Dinero) y, como corolario de lo anterior, su forma de acción ha de ser no violenta. Respecto del método de análisis de la realidad social, es necesario incorporar a la subjetividad humana y sus motivaciones dentro de los factores relevantes que impulsan cualquier proceso de cambios, tal como ya lo está haciendo la ciencia de las últimas décadas al interior de su propio ámbito***.
Como ha sucedido muchas veces antes en la corta historia humana, nos enfrentamos a un sistema violento y queremos cambiarlo porque nuestra vida y la de todos los seres humanos incluidos en él están siendo afectadas dolorosamente. El fundamento principal que anima nuestra lucha y empuja nuestra acción para propiciar un cambio estructural, y no ajustes o correcciones de perfeccionamiento al esquema vigente, se reduce a una percepción muy nítida de que la violencia social que experimentamos no es sólo un efecto negativo secundario (una «externalidad negativa», como hoy les gusta decir a los tecnócratas), sino que un factor consustancial al sistema, que impone condiciones sociales violentas y deshumanizantes que generan, a su vez, reacciones violentas equivalentes en una escalada creciente e infinita.
Cuáles son esas condiciones y qué tipo de reacción suscitan entre las poblaciones sometidas a ellas son algunos de los temas de análisis de mi libro, "El fin de la Prehistoria", un camino hacia la libertad. 2007. Ed. Tabla Rasa.
El principal indicador para medir el éxito de nuestra causa ha de ser entonces el retroceso visible de la violencia, hasta su completa desaparición desde la convivencia social, ya que humanizar a la sociedad en que vivimos significa modificar aquellas condiciones que la eternizan en su interior. Mientras eso no suceda, la lucha continuará y puede tomar cursos imprevisibles. Pero si en un momento anterior nos tocó enfrentarnos a un Estado opresor en manos de algún tirano de turno, ¿contra quién debemos luchar hoy? ¿Quiénes son los responsables del actual estado de cosas?

Tomás Hirsh
Vocero del Nuevo Humanismo en Latinoamérica


Notas
* Ceder, pactar, negociar…
** El término izquierda política tiene su origen en el lugar de la Asamblea Nacional en que se sentaban, durante la Revolución Francesa, los representantes jacobinos, que respaldaban medidas que favorecieran a las clases más pobres de la sociedad. También se denominaban así los hegelianos jóvenes, que interpretaron a Hegel discutiendo su idealismo. En 1841 Ludwig Feuerbach publicó su obra más importan¬te, La esencia del cristianismo. A partir de entonces, se convirtió en el principal referente de la izquierda hegeliana.
*** «...Como sabemos, con la aparición de la mecánica cuántica (...) el observador, o sea la conciencia humana, adquiere una función activa con respecto al fenómeno que observa, es más, una función que será decisiva para la existencia misma del fenó¬meno. Por el contrario, en la física clásica el observador se reduce a una figura impersonal, a un concentrado de «atención pura» con la única función de exami¬nar al fenómeno sin interferir con él. (...) Con la mecánica cuántica desaparece la idea de un observador independiente del fenómeno observado. (...) Se trata de una concepción no determinista, sino probabilista, en la cual el observador juega un rol decisivo en el momento en que realiza la medición. «No existe el fenómeno si no hay un observador», decía uno de los padres de la física cuántica, el danés N. Bohr y J. A. Wheeler, uno de los más renombrados físicos contemporáneos, afirma que la enseñanza más significativa de la mecánica cuántica es que la realidad se define en base a las preguntas que nos hacemos. (...) Lo que nos parece evidente es que ya no se puede dejar de reconocer el rol fundamental del observador en la mecánica cuántica y difícilmente se podrá omitir, de manera explícita, el acto intencional de la observación...» El principio antrópico y el surgimiento de la centralidad del obser¬vador en algunos de los recientes desarrollos de las ciencias físicas. Pietro Chistolini / Salvatore Puledda. Virtual Ediciones. Santiago de Chile, 2002.

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